Agustín Squella - Constituyente Distrito 7
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3/11/2021

Mala cosa el negacionismo, pero peor cuando se lo esgrime para rechazar que sobre unos mismos hechos, como es habitual y comprensible, pueda haber distintas interpretaciones y, de esa manera, validar una u otra de ellas como la verdadera, y proscribir y perseguir a las restantes como erróneas. Peor todavía cuando las acusaciones de negacionismo se toman de la mano de nuestro nuevo deporte nacional: el doble estándar.

Estuvo muy mal que se negaran, justificaran o vinieran a reconocerse solo varias décadas más tarde las conocidas y prolongadas violaciones a los derechos humanos en que incurrieron en América Latina, Chile incluido, las dictaduras militares que pretendieron excusarse en nombre de la seguridad nacional, la amenaza soviética y la Guerra Fría. Y ha estado muy mal que se haya hecho o quiera hacer otro tanto tratándose de violaciones a los derechos humanos cometidas por gobiernos de izquierda en nombre de la revolución del proletariado, el hombre nuevo, la expansión del imperialismo norteamericano o un embargo comercial decretado por este último.

El doble estándar – siempre criticable – se vuelve enteramente inaceptable ante el carácter irrenunciable de los DD.HH. ¿Vamos a continuar entonces levantando la voz cuando los derechos humanos son violados por un gobierno rival y mirando para el lado cuando la violación proviene de un gobierno de nuestro agrado?